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Todos los días, una cantidad incontable de niños de todo el mundo llegan a la escuela con el estómago vacío, lo que dificulta que se concentren en sus clases. Muchos simplemente eligen no ir, ya que sus familias necesitan su ayuda en el campo o en casa.

Para todos ellos, una comida escolar no implica solamente tener una mejor nutrición y salud, sino también un incremento en la calidad de su educación y la posibilidad de obtener logros más importantes. También es un gran incentivo para que los padres envíen a sus niños a la escuela regularmente.

En 2016, el WFP implementó o apoyó programas de comidas escolares en 69 países. Proporcionó directamente comidas escolares a 16,4 millones de niños en 60 países. También construyó las capacidades de 60 gobiernos, lo que permitió mejorar los programas nacionales de comidas escolares para otros 45 millones de niños.

Las particularidades del programa varían según si ofrecen el desayuno, el almuerzo o ambos. Algunos programas otorgan comidas completas, mientras que otros distribuyen galletas fortificadas ricas en energía o aperitivos nutritivos, tales como barras de cereal. Las raciones de comida y/o alimento se entregan a las familias como incentivo para que sus niños estén en condiciones adecuadas para asistir a clases regularmente.   

De ser posible, se compra los alimentos a fuentes locales. En 46 países, los programas de comidas escolares se vinculan con productores pequeños locales, combinando los beneficios de nutrición y educativos con un impacto positivo para la economía regional. Al asociarse con la sociedad civil, los programas de comidas escolares pueden ayudar a crear confianza en los sistemas educativos nacionales y fomentar la inclusión social. En Túnez, donde el programa de comidas escolares llega a 240.000 niños de 2.500 escuelas, los jóvenes lugareños trabajan como proveedores, asegurando la apropiación local.

Los programas se pueden adaptar para centrarse en grupos específicos de niños, incluyendo a aquellos que se ven forzados a trabajar, o aquellos cuyas vidas se vieron afectadas por el VIH/SIDA. También pueden prevenir los casamientos tempranos para las niñas y los embarazos precoces, y ayudar a las niñas a obtener acceso a trabajos mejor pagos mediante la educación. En Malawi, se diseñó un programa en conjunto entre el gobierno, el WFP, UNICEF y UNFPA para eliminar específicamente varias barreras culturales que hacen que las niñas no asistan a clases.

En momentos de crisis, las comidas escolares satisfacen exitosamente las necesidades nutricionales básicas y hacen que los niños vuelvan a clases. En Egipto, Jordania y el Líbano, las comidas escolares ayudan a los niños sirios refugiados a mejorar su nutrición y continuar con su educación invirtiendo en su futuro y en el de la región.

US$3 - US$10
es el retorno por cada dólar invertido en comidas escolares
16.4 millones
de estudiantes en 60 países recibieron comidas, refrigerios o raciones para llevar a casa a través del WFP en 2016
45 millones
de estudiantes fueron asistidos en 2016 en 60 países en donde el WFP proporciona asistencia técnica a gobiernos con programas de comidas escolares.